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Crítica: "El Impulso"

La nueva placa del octeto uruguayo nos muestra un ejemplo de fortaleza sonora y madurez literaria. Siguen tejiendo melodías épicas, sigue habiendo un lado oscuro preponderante, pero se percibe un paso adelante en la manera de concebir y redondear los temas. Y si le sumamos que Gustavo Santaolalla no aparece en los créditos, podríamos hablar de una placa en la que el grupo se para de manos y pelea sin la protección de su hermano mayor. Y al final de este largo round de casi cincuenta minutos quedan con un poco de sangre en el rostro, pero se puede hablar de un batallado triunfo puerco.

La tenaz "Frágil" oficia de apertura y nos permite ver a un grupo más orientado al rock que a los ritmos latinos. La segunda canción, "El señor", nos muestra a Teseyra hablando sobre la debilidad individual que provoca la resignación religiosa. Después nos regalan uno de esos mensajes de pura esperanza titulado "Su ración", en lo que tal vez sea la canción mejor construida del álbum. "Neutro" es una canción cuya letra tiene alto contenido depresivo (habla sobre una persona a la que se acusa de haber dejado de hacer lo que le apasiona), pero la música construye un clima avasallador. "Me pierdo" parecería compuesta para sonar en el reproductor de una persona que abandona definitivamente la casa paterna. En "Clones" parecerían esbozar una descripción ofensiva contra una de las profesiones más detestadas por los músicos: los periodistas; algunas frases como "matan renglones, los clones se hacen rey" y sobre todo el estribillo ("La hipocresía se vuelve moda, la del fiel consumidor que drogás") dejan ver que entienden a la función como algo narcotizante. "Colabore" podría haber aparecido en el último disco de 2 Minutos y no hubiera desentonado mucho, aunque cuando comprime su sonido a texturas tan rústicas el grupo suena algo maniatado. "Para no verme más" es un alfilerazo en el corazón que se derrama desde un arpegio cálido con letra tanguera y monólogo de despedida fracasada, para ganar consistencia épica al final. Después llega "Con el destino", canción sobre apuestas inevitables y mensaje-optimista-pese-a-todo que incluye notables solos de guitarra y teclados. La línea melódica de "Sanar" termina pareciendo un poco infantil y sobre ella se desarrolla una letra ya un poco reiterada sobre la sensación de alegría-frustración. Ya sobre el final nos regalan un retrato del momento en que "Pino", un hombre sencillo que descubre la paz al aceptar sus defectos, cambia los paradigmas de su vida. "La sin razón" es el tema más metalero que haya pasado alguna vez por las manos de los músicos de La Vela. El punto final nos llega en forma de una elevada canción acústica titulada "Hoy tranquilo" y que suena a remedio para el alma de un suicida.

Termina el disco y queda la sensación de que no defrauda expectativas, pero la verdad es que no hicieron nada que no se pueda esperar de ellos. Al principio se insinúa que la banda tiene una faceta más rockera, pero después hay canciones que se parecen mucho a la obra previa de La Vela ("Con el destino", "Sanar", "Me pierdo", "Su ración", "Neutro"). Parecería ser que el factor riesgo no tuvo tanto peso al momento de dar las puntadas finales, pero eso no quita que se pueda hablar de un disco muy pulido y elaborado, variado y de ninguna manera exento de encanto. Tal vez sea un poco empalagoso ese clima de libro de autoayuda, aunque también es cierto que unas palabras de aliento nunca están de más.