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Crítica: "Alucinados como la primera vez"

El disco en vivo de Pier no deja de ser una emulación sin delicadeza.

Sería necio exigirle a todas las bandas que inventen algo nuevo. Pero cuando éstas únicamente tienden a emular a artistas exitosos, sólo resta esperar que el buen gusto disimule la falta de creatividad. Pier no busca eludir en ningún momento su admiración por Los Redondos, pero es evidente que carecen de la delicadeza que podría hacer de sus producciones algo genuino o al menos de calidad artística. Igual, es justo admitir que en este álbum el sonido de la banda de los hermanos Cerezo se intenta apartar de algunas obviedades ricoteras como sería la inclusión de un saxo o teclados.

Se trata de un disco en vivo que, como para convencernos de que son un fenómeno masivo, abre con la versión de una canción de ¡¡¡Los Enanitos Verdes!!! hecha cantito de cancha. Y antes de que termine la primera canción el Cerezo que canta dice "buenas noches Obras, por fin llegamos. Acá está Pier". Hasta hace unos años se consideraba al estadio del Club Obras Sanitarias la Catedral del rock, pero actualmente ese recinto tiene nombre de gaseosa. En nuestros días, llenar esa cancha de básquet no es sólo producto de vender los tickets, sino de estar enrolado en un determinado grupo discográfico.

El estribo de "El mar de sangre" es demasiado parecido al de una canción de Héroes del Silencio. "La gorra de Carmelo" es un rocanrol tan cuadrado que parece salido de una cubetera. En "El ritual de los pibes atentos" hablan de los pelos quemados de la nariz con menos poesía que la utilizada en la guía telefónica; y la canción parece ser una intro de cinco minutos que no se desencadena nunca. "La ilusión que me condena" es una especie de himno de la banda que calca partes del "Pride" de U2. Y "Sacrificio y rocanrol" es una canción torpe con una letra burda, que repite un slogan que parece festejar la muerte y para colmo fue elegida como corte de difusión cuando los casi doscientos muertos de Cromagnon todavía son una herida abierta. Ahí demuestran un mal gusto criminal.

Todo el disco es un rejunte de melodías monótonas, nula sutileza, riffs insípidos, instrumentaciones cuadradas e ideas de los Redondos, Héroes del Silencio y U2 subtituladas. Eso no evita que Pier vaya a crecer todavía más de lo que alcanzaron hasta ahora. Al contrario. Cierto público rockero necesita de esa especie de refugio.