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Crítica: "Abril"

El segundo disco de Oniro maneja climas angustiantes y tormentosos con una buena voz del cantante Gustavo García.

Una definición rápida podría ser: música capaz de deprimir a Piñón Fijo. Pero, como sobra tiempo y espacio para explayarse y profundizar... se puede decir que en estas catorce composiciones Oniro muestra la voluntad de pasar revista a diferentes estilos, pero eso no significa que anden por la vida rompiendo moldes. El marco de las canciones está formado por un par de guitarras distorsionadas que se tiran paredes todo el tiempo. Sobre ellas se apoya una batería pausada y tajante, un bajo con efectos que aporta actualidad de sonido, un teclado con escasa presencia y un saxo que cuando aflora ricoteriza la atmósfera. Lo más importante termina siendo la voz de Gustavo García (una mezcla del timbre de Bruce Dickinson y la técnica de Chris Cornell), que se ajusta adecuadamente a los climas depresivos, angustiantes y tormentosos formados por el resto de los músicos.

La mayoría de las canciones ("Dos coliseos", "Abril es vida", "Veneno", "Sosegada", "Como una avalancha") remiten a un neo grunge tipo Audioslave, o un hard rock sobrio como el de... Audioslave. Los que no encajan en esa definición son tres o cuatro temas: "Tan suyo" (canción acústica que muestra una faceta en la que la banda gana estampa), "En tus labios" (un clímax tenebroso basado en una percusión de ceremonia alquimista) y "Sin temor" (metal sin vueltas con letra religiosa). La curiosidad del disco es el track fantasma, un instrumental psicodélico que combina sonidos ancestrales con ritmos sampleados.

Las letras retoman conceptos góticos que quedan muy adecuados para los domingos nublados de otoño sin fútbol. Definitivamente Oniro no parece ser una de esas bandas que en vivo producen una sensación de "Uhhhhaaaaauuuuuuu, que fiesta!!". Más bien es una exaltación contenida en dosis pequeñas, como las drogas cuando todavía están dentro del frasco de pastillas.