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Cursi

Delivery

Como un misil a contramano lo vi pasar,
dobló en Rivera y Alarcón, chillaban los frenos.
Entre el verano y la humedad, la soledad.
Y ella a la luz de la televisión llenó el cenicero.
Esos pedidos solo él podía entregar,
a cualquier hora y en cualquier lugar aumenta el deseo.
La cena sin desenvolver, enfriándose,
camino al living comedor se entrega al deseo.
Corre, decididamente corre,
sin temerle a las caídas.
Y tal vez desaparezca y regrese con el día.
Atravesando la noche, ya no hay luz que lo detenga.
Decididamente corre y es probable que no vuelva jamás.