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Ecos de Shanghai

El magnetismo

Los impacientes
comienzan a desfilar.
La luz se enciende.
La alarma vuelve a sonar.
Sobre mi almohada,
hay un ping pong de sueños versus traumas.
Mañanas grises.
Ya nada es blanco y negro.
Ni de carne y hueso.
La luna artificial.
Con una simple reacción
cambia la ecuación.
La espalda contra la pared.
El humo calma la ansiedad.
Las horas dejan de correr.
Las calles se hacen largas.
Insoportablemente bien.
Insuficientemente mal.
Romper el hielo de una vez,
a ver si todo cambia.
Parece lo mismo pero nada es igual.
Es el magnetismo del pasado
que nos lleva lento.
Nos lleva lento.
Nos lleva. Nos lleva lento.
Y nunca es tarde para empezar de nuevo.
Y nunca es tarde para arrepentirse y cruzar los dedos.
La espalda contra la pared.
El humo calma la ansiedad.
Las horas dejan de correr.
Las calles se hacen largas.
Insoportablemente bien.
Insuficientemente mal.
Romper el hielo de una vez,
a ver si todo cambia.
Parece lo mismo pero nada es igual.
Es el magnetismo del pasado
que nos lleva lento.
Nos lleva lento.
Nos lleva lento.
Nos lleva. Nos lleva lento.
Parece lo mismo pero nada es igual.
Es el magnetismo del pasado
que nos lleva lento.
Nos lleva lento.
Nos lleva lento.
Nos lleva. Nos lleva lento.