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Salta la Banca

Paladín

Repulsiones de la asistencia a la escoba de tu proclama. Neurosis de reverencias a las personas que te aclaman (que en mis costillas se clavan). El impuesto de lo impostado que te cobra el que te ayudó, hasta el día en que tuvo claro que buscás tela para tu sillón, es un silencio torturador. Y un cartel que es digno de oprobio donde el barrio suda fulgor, justifica el carácter obvio del ajetreo de esta desazón. Pervertido. Un paladín sin disimulo de la grela que se limpian en culo los que pretenden dominar la efervescencia de este cuartel, que se ha fundado con el fin de detener tu voluntad de segregar. Desfilando en la urgencia ajena con aires de Gauchito Gil, va el cachorro de las quimeras, mascando huesos de vidrio servil. Se midió la bragueta en ventas, y el viento no le alcanzó. Aplausos para la geisha que se puso en tetas su verso cabrón.