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Nahuel Briones

Carpe Diem

Una vez en el desierto
me sentí en un lodazal
enceguecido por tu sol.

Tu gracia fue tan fuerte,
conseguiste mi cariño
y su monopolización.

Me emparchaste los dos ojos
para ser mi guía.
No vayas a besarme,
sólo somos amigos.

El oasis no era falso
y no era un iglú,
aunque estés medio cú-cú.

Me dejaste ser la Eva
y vos fuiste el Adán,
el mejor Romeo que hay.

Después de correr con sed
me ofreciste Gatorade.
Y si pienso un poquito en vos:
combustión espontánea.

No quería despertarme sin vos.
No tenía ningún sentido estar despierto.