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Fito Páez

El secreto de su corazón

Allá en el rancho ñato, una noche sin luna,
la misma luna con la que Buda se iluminó.
Las hembras se acercaban a ver a sus hombres
montar a los caballos sudados de amor.

Guardaban sus secretos debajo sus faldas,
el vino negro tinto en Muriel encendió.
Su macho se montaba en un cuero de oveja
pa’ demostrarle al mundo que él era Dios.

Se esconden tantas cosas debajo un vestido,
se esconden tantas cosas debajo de un pantalón.
Se esconden tantas cosas, la Virgen no quiera
que guarde el secreto de su corazón.

El negro apareció con su traje de lino,
debajo de su saco escondía un facón
de plata 800 y oro argentino,
sombrero de ala ancha, debajo el farol.

Entonces se miraron profundo a los ojos,
Muriel se hizo agua y el negro encaró,
se fue directo a la tribuna por ella,
caído del caballo, su macho los vio.

Los encontró detrás de una caballeriza,
estaban meta y ponga, enredados los dos.
Muriel gritaba loca, mi negro maldito,
su macho cabrío se enloqueció.

Ella se puso en el medio, arriesgando su vida,
se revolearon ponchos, la tierra se levantó.
Sacaron los facones y se relojearon,
los machos morían o vivían.

Ay, ay, ay...

Pasaba por el aire la muerte afilada,
los hombres se miraban con ojos de halcón.
Se hundieron los dos juntos la plata en la carne,
el uno fue al hígado, el otro al estómago.

La noche en que Siddhartha venció a los demonios,
la noche en la que Buda de flores se iluminó,
allá, en el rancho ñato, volaba la sangre,
con dos cuchilladas todo terminó.