El sitio del rock en Argentina 21 años online
Shows

Skay y Los Fakires en el Metropolitano de Rosario

La banda del ex guitarrista de Los Redonditos de Ricota regresó a Rosario para presentar “El engranaje de cristal”, su más reciente trabajo editado en 2016, y hacer un recorrido casi exclusivo por su carrera como solista.

El domingo 29 de abril -en vísperas de un no feriado- el flaco Beilinson y sus Fakires tocaron en el coqueto Metro de uno de los shoppings rosarinos, ante unas 3 mil personas que demoraron casi ceremonialmente haciendo previa, el arranque de un concierto muy prolijo y con poca nostalgia ricotera.

Los locales Maquiavelos abandonaron el escenario tras un íntimo y respetuoso set de canciones para que pasadas las 22.30 irrumpan los Fakires con los acordes de la medieval “Arcano XIV”. Luego vino “Suelo chamán” para un arranque en el que los estribillos apalabrados no existan y se transformen en riffs del enorme Skay.

Beilinson aprovechó para presentar en vivo a su nuevo baterista, Leandro Sánchez (reemplazó al histórico Topo Espíndola) y hacer sonar “Aves migratorias” y “Oda a la sin nombre”, otro rico par para corear los fraseos de su Gibson bordó.

La noche estuvo divida matemáticamente en dos actos. El primero terminó con nada más y nada menos que “Ji, ji, ji”, dentro de una primer tirada de nueve canciones. Hasta ahí, la única ricotera de la noche. Una pavadita de clásico inoxidable, ya más para grabar con celulares que para ir al pogo más grande del mundo. Cada uno disfruta como quiere.

El intervalo -característicos de los conciertos redonditos- anticipaba más de casi toda la trayectoria del artista platense, inclusive en la perlita de un inédito de Los Redonditos (“Pura suerte”) que le hizo la previa a “El golem de Paternal”. Después de los versos de mitología urbana del golem, Skay se sentó en la base de la batería para hacer un solo, y literalmente lo estaba, aunque su Gibson le hacía la segunda.

El héroe de las seis cuerdas cantó como siempre: como si fuese un villano de caricaturas. Sus movimientos fueron suaves pero su sombrero Indiana Jones, sus gafas y su paz espiritual complementaron esa sobriedad que tiene para hablarle a su público entre tema y tema. Sonó un explosivo fragmento de “Esa estrella era mi lujo” -negarse al pedido de las masas ya era insostenible- que no estaba en la lista, y después los bises vino un extraño cierre con “El sueño del jinete”, de “La luna hueca”.

Skay tiene 66 años y sigue dando cátedra con su SG al hombro. La edad de este prócer puede explicar lo entrecortado que se hacen sus shows pero suena ingrato cuestionar a uno de los músicos más talentosos de nuestro país, que está más vigente que nunca. Como dice el cántico: “es una noche especial, no te la vas a perder, toca el corazón, de Patricio Rey”.