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Entrevistas

Maximiliano Calvo: "Matar las penas bailando"

El músico rosarino presenta “Quema”, su primer disco de larga duración dividido en dos volúmenes.

“Una parte, la que salió ahora, habla de una muchacha y el Volumen 2 habla de otra –explica Maximiliano Calvo–. Fueron dos momentos muy puntuales de mi vida que para mi forman parte de un mismo período. Tal vez fue ese momento de la existencia donde uno empieza a tener conciencia de la pena, del paso del tiempo con respecto a la soledad, del desamor”.

Ante esta desdicha amorosa, el cantante y compositor volcó toda la sinceridad sentimental en sus canciones y convirtió a su primera placa en una especie de diario íntimo en formato de disco, producido por el prolífico Tweety González.
La segunda parte de este Larga Duración en el que abunda la música bailable será lanzada en diciembre.

Venías sacando algunos EPs o temas sueltos que subías a tu bandcamp, ¿cuándo te sentiste listo para grabar un disco de larga duración?

Soy bastante desorganizado por eso es que voy sacando lo que voy haciendo. Aparte no tenía posibilidad de grabar un disco por lo que conlleva económica y organizativamente. Fue todo gracias a Tweety que organizó el material, me brindó su estudio, su visión de mi música, su amistad y me dio confianza para llevarlo a cabo. Además de eso yo recién llegaba de México y tenía el conjunto sin ensayar. Así que fue todo bastante enérgico. Lo hicimos en poco tiempo y quedó con esa frescura. Se escucha la banda en vivo. Como lo hacemos en la sala, en vivo. Con Tweety quisimos captar esa energía. Llevar todo al plano artesanal, a la banda en vivo, a la sensación de que el grupo está tocando en la otra habitación.

¿Qué recepción tuviste de estos temas?

En los conciertos noté que varias personas al terminar el show me comentaban que se sentían identificados con esa parte indefensa que contaba y mostraba. Muchas veces en los espectáculos uno ve a alguien superado y yo en esa época realmente estaba destruido y necesitaba cantar porque si no me moría, era una necesidad y cuando comencé a ver que compartiendo esas vivencias también creaba compañerismo, confianza y empatía en otros me empecé a sentir, incluso, más seguro y fue ahí cuando le di forma a mis conciertos tomando este concepto de acompañarnos todos, de una especie de ritual entre el que escucha y el que emite. Salirse del concierto modelo e intentar que ese momento sea de encuentro. Todos participamos.

El hilo conductor es el desamor de dos romances frustrados, ¿el estilo de música bailable en el que tocás esas historias, funcionan como una especie de catarsis para vos?

Encontré el concepto gitano de matar las penas bailando y lo junté un poco con ese sentimiento de la música de inmigrante. Esa pena constante de lo que fue, mezclado con una melancolía futura envuelta en el baile para matar la desdicha.

¿Qué es lo que te llevó a incursionar en sonidos bailables, como la influencia rioplatense de la murga o el reggae y la cumbia/tropical que también hay en el disco?

Son todas músicas mestizas, que trae un inmigrante y que luego se van juntando con la cultura de cada país y de repente se convierte en la mera cultura de ese país. Por ejemplo, lo que pasa en Uruguay, donde están los africanos tocando tambores junto a españoles e italianos que cantan canciones y que tal vez fueron tocados por los Beatles y la música popular de Estados Unidos. Es ahí cuando sale El Kinto, el candombe o mismo la murga cantada. Luego los tambores toman las calles y van hasta el río de donde vinieron los inmigrantes, donde encalló aquel barco de esclavos. La desinencia y la raíz de esa palabra inmigrante se hace notar. Aquí también pasa con el tango y esa mezcla extraña de bandoneón y guitarra española. O en la música de isla, o en la música que nació en la calle, en la contracultura. Encuentro un atractivo poético en esos vértices de la música.

¿Cómo es la experiencia de que tu música haya llegado también a México?

No creo que las cosas lleguen por arte de magia. Yo fui hasta allá y la llevé. Hoy por hoy la música en vivo tiene un valor muy importante aunque no lo podamos ver. El que escucha tu música en internet puede repetir mil veces el vídeo de Youtube en el que gritás y te ponés a bailar en un concierto pasado. Pero cuando me ven en vivo y se emocionan, me rinden una ofrenda divina solo por el simple hecho de haber llegado hasta allí. En México fui a tocar a montones de lugares que están fuera del tour común que uno hace cuando va para aquellas tierras. Fui a Chacahua, a Huatulco, a Tulum, a León, a Chimalhuacán. Fue realmente lindo ir a lugares tan lejanos y ver a la gente agradecida por aparecer ahí. También tocamos en Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Morelia, y el espectador también estaba feliz pero está más acostumbrado a que el artista vaya hasta allí. Es una cuestión de aventurarse, ir con el rumbo errado del vagabundo y sorprenderse de lo bueno que puede llegar a ser eso. A veces el camino paralelo es mucho más interesante.

¿Cómo es un show en vivo tuyo y qué podés adelantar de la presentación en el CCK?

Intento estar lo más cerca de la libertad total en mis conciertos. Estudié mucho el show en vivo. Intentando ver qué podía darle al espectador, para qué estaba yo arriba del escenario, y entendí que podía compartir una libertad bonita, generar esa posibilidad de libertinaje en el buen sentido dentro de la música. Dentro del concierto los excesos no son maliciosos para nadie. Entonces, si podemos compartir ello, el que viene a ver el concierto se saca los harapos del ego y empieza a bailar de cualquier forma, se olvida de la mirada externa, de la rutina, del día a día, de los problemas con la familia o con su pareja. Por eso es que uno se pone tan feliz cuando va a ver a su grupo preferido o se deja sorprender por música nueva que conoce en un antro. Siento que en general hay que andar permeable, con el ojo atento y sin juzgar. ¡Es el camino a la felicidad! Un poco, dentro de mi concierto junto a mi banda a la que nombré La Manada Gitana, intentamos compartir ese sentimiento de prosperidad, esa sensación que mata al paso del tiempo que te abre el pecho, que te hace cometer excesos amorosos, de esos que te cambian los días.