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17.05.2003.-

"Mi público crece en intensidad y calidad"

Ariel Rot está presentando su nuevo disco en España, "Lo siento, Frank".



Ariel Rot

En plena gira por España hablamos con Ariel Rot de 'Lo Siento, Frank', uno de sus discos más intimistas y un álbum que se armó en el estudio tras año y medio de inactividad musical y de intensidad vital. Con su paternidad recién estrenada, el músico presenta un álbum en el que habla de su piso, de su hijo, de Los Rodríguez, de un público huérfano, de los que no están... y en el que canta con Calamaro y Andy Chango. Así son Ariel y su disco por dentro.

'Lo Siento Frank' son trece temas. ¿Cuántos tenías?

Ha sido la primera vez que me he metido al estudio sin tener totalmente enfocado el disco. En principio me metí para ir chequeando el material. No sabía muy bien si estaba haciendo demos, ensayando, buscando músicos... Al final las cosas empezaron a sonar en un estudio semiprofesional en el que me quedé para grabar. Y fue durante el proceso de grabación donde surgieron temas nuevos.
Ninguno tiene más de año y medio pero sí reflejan la época intensa que he vivido en la que he sido padre y en la que interrumpí toda la actividad promocional. El álbum se fue armando y definiendo durante esos cinco meses de grabación.

A pesar de ello, da la sensación de que tenías el título muy claro.

Lo último que hice fue poner el título. Es cierto que puede parecer muy conceptual pero simplemente es el título de una de las canciones y no creo que sea representativo de todo lo que hay en el disco. Es un tema, casi un manifiesto, ante la crisis musical, creativa y cultural que estamos padeciendo. Escuchaba a todo el mundo quejarse en un momento en el que yo no tenía acceso a los micrófonos y decidí componer esta canción.

De 'Una Casa Con Tres Balcones' dices que la escribiste buscando piso. ¿Compones en cualquier sitio?

Me gusta mucho componer callejeando por Madrid e incluso conduciendo. Me agobia encerrarme en una habitación a la hora de componer, sobre todo cuando se trata de terminar de definir una canción. Lo he analizado y creo que la mayoría de los embriones de una canción surgieron en actividad física. Me está funcionando.

Muchas de tus canciones describen detalles del día a día. ¿Crees que el secreto de una buena composición está en ir al detalle?

Creo que no hay fórmulas. Se puede tener una mirada hacia dentro, hacia fuera, global... Afortunadamente, las posibilidades son infinitas y cada uno las combina como quiere. Este disco tiene un alto porcentaje de intimidad pero también un lado canalla.

¿'Lady Ruth' podría ser tu homenaje a las fans-ellas?

No exactamente. La canción surgió de unos textos un poco incongruentes que tenía mientras tocábamos. Cogí lo que tenía a mano, textos sin musicalizar que estaban basados en los nombres que aparecen en mi página web y que no en todos los casos son fans. A partir de ahí se inicia un juego erótico poético y situaciones o fantasías alrededor de los hoteles, de los minibares, de las habitaciones, de las suite color rosa, de los números impares...

La versión 'Eché 20 centavos en la ranura' ¿era tu asignatura pendiente? ¿Por qué esta vez te has atrevido?

Es una canción que descubrí cuando tenía diez años, a cantaban en casa y yo apenas entendía la letra. Tardé mucho tiempo en recuperarla, era fanático de ella. La milonga del marinero y el capitán y toda esta saga de milongas un poco eléctricas que hago vienen de ahí. Es una canción compleja aparentemente pero también muy placentera de tocar y de cantar. Creo que tiene mérito.

Si te digo Sala Clamores ¿qué te viene a la cabeza?

La Sala Clamores ha sido durante este año y medio de inactividad mi terapia. Tenía mi cita obligada una vez al mes en las actuaciones de Andy Chando. Casi religiosamente intentaba cumplir, entre otras cosas, por mi salud mental. Tenía ganas de hacer el bestia, volver a un escenario y tocar.

En la última canción del disco se mezcla tu voz con voces de Andy Chango y Calamaro. ¿Qué nota les pondrías musicalmente hablando a cada uno de ellos?

Un diez. Más allá de lo que puntualmente estén haciendo son talentos muy sólidos y eso es lo que importa. Disco por disco sería otro tema pero en cuanto a posibilidad, a universo musical y creativo y a originalidad creo que son dos pesos pesados.

En tus discos siempre habrá un hueco para hacer una mención o un homenaje a Los Rodríguez. En este álbum hay una clara referencia en temas como 'Hoja de Ruta' o 'El Mundo de Ayer'.

No sé si en mis discos pero sí en mi corazón. Más allá de la música vivimos emociones muy intensas juntos, tanto en el caso de Los Rodríguez como en el de Tequila. El escenario sigue siendo el mismo pero no están los mismos actores. De alguna manera siempre están presentes.

Estás en plena gira. ¿Cómo está siendo el reencuentro con tu público?

Fantástico. Se nota que el público está un poco huérfano de propuestas como las mías o como las de Andy o Andrés. Se percibe que procuran no perdérselo. Ha sido muy notorio cómo ha crecido mi público en cuanto a cantidad y a intensidad. Los aficionados, o la resistencia, se ha fortalecido y radicalizado.
A pesar de que todo el mundo se queja de cómo están los tiempos yo he notado una respuesta de mucha comunión, de mucha complicidad, de mucha compenetración y de mucha sensibilidad.

El panorama de la música en español actualmente no es el mejor y 'Lo Siento Frank' alude un poco a ello. Personalmente, a que artistas o bandas pondrías en un podium?

Esa sí es una pregunta difícil. Te diría Los Piratas, La Naranja China, Quique González, Andy Chango... Me estoy pasando ¿no? ¿A quién quitamos? ¡Qué problema! Hay un par que tienen que compartir el podium. Tal vez habría que quitar a Quique porque en cierto modo tiene una propuesta menos eléctrica... Me quedaré pensando toda la noche. La verdad es que he hablado muy bien de Andy, quitémosle...

Como músico has podido comprobar qué supone formar parte de una banda y qué implica tocar en solitario. ¿En qué situación te encuentras más cómodo?

Cada vez me siento más cómodo en solitario y cada vez veo más difícil volver atrás, no tanto en el sentido musical como en el funcionamiento diario. Por un lado, aunque no tengo una banda fija, procuro que el funcionamiento y la entrega a la hora de hacer música sean grupales. Sin embargo, me he acostumbrado a llevar las riendas de lo que hago, a decidir y no consultar. Me da más libertad y posibilidad de colaborar con otra gente.

Un grupo es más celoso y hay que mimarlo mucho más. No obstante, creo que la situación ideal es la comunión con otros músicos, tocar algo juntos, mirarse, escucharse y llegar a una especie de trance. Es lo maravilloso de la música.



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